La mujer del flujo de sangre

A modo de introducción. 

Es tarea de la hermenéutica bíblica acercarse lo más posible a las circunstancias que rodean los hechos narrados. La Biblia es la palabra de Dios por cuanto es inspiración divina, pero no podemos olvidar que está escrita en palabras de hombres pertenecientes a una cultura, a un lugar geográfico específico, a una época cronológica determinada etc. Es nuestra tarea hacer uso de las distintas herramientas que tenemos para acercarnos al pasaje de la manera más objetiva posible, aunque tenemos que reconocer que nunca llegará a ser totalmente objetiva. 

La hermenéutica bíblica no puede ser objetiva en la medida que no es un método científico. El método científico busca la objetividad partiendo de una hipótesis, recogiendo una evidencia, y a partir de ello llega a la verificación o no de su hipótesis inicial. La hermenéutica bíblica no parte de hipótesis creadas, y es unos de los problemas con los que contamos en nuestros tiempos, el texto bíblico está siendo usado como pretexto para verificar, en muchos casos, un principio personal. La hermenéutica bíblica busca descubrir la interpretación del mismo texto acerca de él; como estudioso de la Biblia debo considerar importante que la interpretación dada, lo que dice el texto, me explique todos los detalles de la narración incluyendo la historia y la interpretación del mismo, de una manera satisfactoria. La Biblia debe ser usada con propiedad y no solo como pretexto.

La hermenéutica bíblica cuenta con una serie de herramientas que hacen que su trabajo sea más eficiente; áreas como la historia, la filología, la arqueología, la geografía, la filosofía, la traductología etc. pretenden hacer más objetivo el trabajo hermenéutico. La tarea interpretativa nunca será objetiva pero sí cuenta con unos niveles de objetividad que se acerca o se aleja del modelo científico; por lo que el uso de estas herramientas será lo que establezca la diferencia.

Esta presentación escrita busca realizar una tarea hermenéutica a partir del análisis histórico - cultural del uso de las palabras en un pasaje del evangelio de Marcos. Busco acercarme lo más objetivamente posible a las circunstancias que rodearon los hechos narrados a partir de las palabras que el autor usa, busco saber lo que el texto dice o no dice a partir del uso de las palabras y la connotación histórico – cultural de cada una de ellas; lo que hizo que el texto tuviera ciertos matices para sus primeros lectores, que se pierden cuando leemos el pasaje.

La narración pertenece al encuentro entre una mujer que sufría de flujo de sangre y Jesús. Los evangelios apócrifos identifican esta mujer como Verónica y la hacen natural de Capernaum, en la traducción de Eusebio es de Cesarea de Filipo o Paneas.

El texto que pretendo analizar se presenta a continuación pertenece a la RVR 60:

Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.[1]


Sobre la mujer

Antes de entrar a describir la visión que presenta la Biblia de la mujer quisiera hacer algunas apreciaciones: Toda la Biblia fue escrita por hombres, en ellas no encontramos un solo texto de autoría femenina por lo que lo que se dice de la mujer está dicho en palabras de hombres y es una interpretación masculina; además es de anotar que la cultura y la familia israelita son masculinas y patriarcales. Esto puede llegar a ser una problemática en el momento de valorar el papel de la mujer en la Biblia dentro de la sociedad judía.

El relato bíblico del Génesis presenta a la mujer en iguales condiciones que al varón, juntos fueron creados por Dios y a su semejanza. La causa de la creación de la mujer es la soledad del hombre “…pero no se halló ayuda idónea para él.[2]” y la necesidad de la reproducción. El papel de la mujer en la creación de Dios será el de madre; el hombre y la mujer tendrán la tarea de reproducir la vitalidad divina.

El pecado transformará las raíces mismas de la humanidad en ambos sexos, y en las relaciones mutuas introduce la violencia y el dominio al introducir la concupiscencia, el dolor, y la muerte; pero aun después del pecado la mujer será la encargada de llevar en su vientre la vida misma.

A partir del pecado la situación de la mujer empeora. La poligamia es precisamente la negación de sus más legítimos derechos de esposa. Aunque los rabinos siempre vieron con mejores ojos la monogamia, la poligamia era permitida en la medida en que el hombre tuviera modos económicos de sustentar otra mujer. Si un hombre era encontrado siendo infiel con una soltera él podía tomarla como esposa, mientras que si era la mujer, comprometida en matrimonio o casada, la que fuera encontrada en infidelidad con otro hombre tendría que se apedreada.

Mientras vivía en casa paterna estaba en total disposición del padre. Este podía venderla, casarla cuando y con quién quisiera, y era para él un problema en tanto que no podía unirla a otro hombre; en algunos casos su padre llegaba a tener potestad sobre su vida. En caso de tener hermanos varones no heredaba y su nacimiento era considerado portador de mayor impureza a su madre que la de un niño varón.

Prometida a un hombre quedaba ligada con las mismas obligaciones que la mujer casada y como ya mencioné antes, si era encontrada infiel se le condenaba a la muerte. No podía hacer ningún voto sin el consentimiento de su marido, podía participar de las fiestas populares y religiosas pero quedaba excluida del culto como oficiante. En sus manos estaban las tareas de la casa: ocuparse de los rebaños, hilar la lana y hacer los vestidos de la familia, tejer y coser; recogía agua y molía el grano necesario para el pan diario preparando la masa y la comida. También era la encargada del cuidado de los niños y de supervisar a los siervos. No podía comer en compañía de su esposo, el alimento era servido primero a los hombres y luego de que ellos habían terminado, las mujeres podían comer; tenían que andar a cierta distancia del hombre y en muchos casos en la acera contraria. Cuando salía era estrecha y celosamente vigilada además de ser cubierta minuciosamente de pies a cabeza.

Esta posición tradicional no significa que la mujer no fuera amada ni respetada. Ella era la única que podía dar a luz los hijos, y este aspecto de la vida familiar era de suma importancia. El ser madre era la mayor felicidad de la mujer hebrea, el fin mismo de la mujer en la vida era la procreación, sobre todo de varones porque estos serían los encargados de continuar con el nombre del padre. Era de tal importancia ser madre que el ser estéril era tenido como deshonra, la mujer que era estéril era despreciada aún por las demás mujeres y en muchos casos fue causa de dolor profundo.

En su papel de madre era la encargada de la enseñanza de los hijos y cuando estos faltaban era reprochada por su labor de instrucción. Era honrada por los hijos y cuando hacían parte de un hogar polígamo estos se distinguían uno de los otros por el nombre de sus madres; el nombre de la madre era tenido en gran aprecio cuando su hijo era un personaje importante.

Aunque esta visión sea un poco machista hay que decir que en comparación con otras culturas como la griega y la romana, la mujer hebrea ocupaba un lugar de importancia dentro de la sociedad. Aristóteles la consideraba un ser inferior, intermedio entre el hombre libre y el esclavo; Sócrates y Desmóstenes la tenía asimismo en poca estima. Platón recomendaba la posesión de las mujeres en común, y estas mismas concepciones pasaron con el helenismo al pueblo romano.

De todas maneras no se pueden hacer muchos esfuerzos para levantar el valor que se le da a la mujer en el A.T. si pensamos que el hombre podía enseñorearse de ella y tenerla por un bien, de la misma manera que se es dueño de un buey o un terreno. La literatura extrabíblica es todavía mucho más antifeminista: “gracias te doy, señor, porque no me has hecho infiel, ni mujer ignorante” y seguramente sería una oración de un varón.

Sobre la mujer y su enfermedad.

Además de contar con toda esta carga cultural la protagonista de nuestra historia esta enferma, padece una cruel enfermedad desde hace doce años.

En la Biblia la enfermedad es sinónimo de pecado mientras que la salud es sinónimo de fidelidad a los mandamientos de Dios. La sentencia bíblica sobre el tratamiento médico sobrenatural es explícita: “yo soy Yahweh, tu médico”. Cuando el propio Dios es el médico no caben ni espíritus, ni fantasmas, y la enfermedad y su curación proceden del mismo origen: “yo hiero y sano”.

Esta concepción de lo que es la enfermedad y sus causas cambiará por completo la concepción de la medicina y de los médicos. La enfermedad se verá desde un punto teológico y no desde una postura natural, por lo tanto la respuesta al problema estaría en el ámbito religioso y no en los médicos. Las consecuencias de este hecho se hacen visibles cuando encontramos una extrema carencia del conocimiento científico de la medicina dentro del pueblo judío; en el Antiguo Testamento solo encontramos 10 referencias a la medicina y una al término “médico”. 

Por otro lado no podemos ignorar que los judíos tenían un “código” de higiene muy adelantado en comparación con los demás pueblos, de lo contrario su peregrinaje por el desierto habría sido una calamidad; este código se ocupa de la “higiene pública, de la provisión de agua, de las aguas servidas, de la inspección y selección de alimentos, y del control de las enfermedades infecciosas[3]”. Lo más probable es que este código lo haya tomado Moisés de lo egipcios y luego los mismos hebreos le hubiesen dado una connotación religiosa. Además de esta cita los judíos contaban con una serie de cuidados entorno no a la enfermedad sino al cuidado de la misma. 

En el texto bíblico se hace evidente el uso del aceite, con o sin vino, uso de ungüentos, vino, bálsamos, emplastos, lavado y exprimido de las heridas purulentas, baños y aguas curativas en el caso de las enfermedades de la piel. Los profetas tenían el trabajo de cuidar los enfermos; los sacerdotes eran como inspectores de salud, eran los que determinaban el grado de la enfermedad y decidían si el enfermo debía estar en cuarentena.

En el silgo I la medicina tendrá cabida en la cultura judía, a los médicos se les verá con buenos ojos, Jesús citará los médicos y Lucas, el autor de un evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, será médico de profesión. Pienso que esta nueva percepción de la medicina será otra de las cosas que los griegos, en su interés por hacer conocer su cultura, aportaron a la sociedad judía. Luego del auge del helenismo los médicos entrarán en la cultura y comenzarán a ser aceptados. Muy probablemente los médicos a los que acudió la mujer del flujo de sangre eran extranjeros.

La enfermedad que citan los evangelistas es conocida como menorragia. Es una enfermedad en la que se prolonga anormalmente el flujo menstrual y puede producir anemia[4]. Si pensamos que esta mujer fue victima de esta enfermedad lo más probable era que tenía anemia, que es una enfermedad de la sangre caracterizada por una disminución anormal en el número de glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes). Los síntomas más comunes de la anemia son el decaimiento físico y psíquico, síntomas cardio-respiratorios como fatiga y palpitaciones, síntomas gastrointestinales como vómitos, diarrea o estreñimiento, síntomas neurológicos como cefalea, acúfenos, mareos o vértigo y alteraciones genitourinarias como amenorrea o pérdida de la libido.

Además del sufrimiento físico que esta enfermedad podría causar, hacía impura a la mujer desde el punto de vista judío. Según las leyes de sanidad de los judíos durante el período de flujo de sangre la mujer era considerada impura y tenía que seguir ciertos parámetros para evitar ser causa de contaminación. Tenía que permanecer apartada del pueblo los días que durara su menstruación, cualquier cosa que tocara se hacía impuro hasta la noche y lo mismo pasaba con todo lo que la tocara o toda persona que tocare algo que ella había tocado como su cama, sus sillas, sus vestidos etc. 

Una vez terminado el flujo debía esperar siete días, al octavo día debería ofrecer sacrificio para obtener su pureza. En los tiempos bíblicos la pureza o impureza era una estado del ser humano que trascendía de lo físico y era tipo de lo moral, es decir, una mujer con flujo se sangre normal era considerada impura tanto física como espiritualmente. Estos elementos nos dan pie para imaginarnos la condición del personaje de nuestra historia: no solo estaba enferme sino también era impura, tanto física como moralmente.

El relato bíblico afirma que esta mujer había gastado todo lo que tenía en médicos y de nada había servido. La mujer en la época de Jesús no podía contar con muchos recursos económicos; la única manera para que una mujer pudiera heredar era sino contaba con hermanos varones. Aunque en los relatos de los evangelistas se hacen algunas afirmaciones a los recursos con que contaban las mujeres y como algunas lo donaron al trabajo del maestro.

Pienso que de una u otra manera este acercamiento histórico al pasaje nos permite vislumbrar mejor las circunstancias en las que se dio este hecho. Permítame hacer una relación entre el pasaje y la historia para seguir en el análisis.

Sobre la mujer y su historia.

Como ya lo afirme la mujer en los tiempos bíblicos no era vista con buenos ojos por la misma cultura en la que estaba inmersa. Era tenida como menos que el varón y este ya es un asunto característico del pasaje; la mujer tendrá alguna relevancia cultural luego del trato que Jesús les dará. La mayor alegría de una mujer era ser madre. El rol en el mundo era la maternidad. Pero la mujer del pasaje no tenía esta oportunidad, seguramente no tuvo la oportunidad ni de ser cortejada, ni de todos los ornamentos previos al matrimonio, ni tuvo matrimonio, por lo tanto nunca tuvo hijos. ¿De donde obtengo esta conclusión? De lo que no dice los evangelistas. 

Tal vez Lucas en su condición de médico habría citado algo de haber sido de otro modo, por lo que me inclino a pensar que no tenía hijos como consecuencia de su enfermedad. Creo que este era el mayor problema con el que contaba esta mujer sin mencionar toda la carga cultural que significaba el ser enferma. Tuvo que haber vivido fuera del pueblo durante doce años, de una u otra manera tenia que hacerse conocer ante los que la rodeaban para evitar hacerlos impuros, para evitar contaminarlos de su contaminación.

Todo lo que tenía lo había gastado en los médicos del momento, pero ninguno le había podido ayudar, antes de iba peor. Moneda tras moneda caía de alguna manera en saco roto, todo lo que recibía lo trataba de invertir para mejorar su salud pero la esperanza estaba perdida, ninguno le había sanado. Tal vez lo que algunos habrían podido hacer fue tratar de hacer tolerable la enfermedad; aunque no había médicos en Israel algunos rabinos llegaron a prescribir remedios para mejorar la dolencia pero nunca para obtener la sanidad, pues esta era obra de Dios. El evangelista Marcos deja ver una cruel crítica a los médicos cuando afirma “antes le iba peor”, crítica que Lucas como médico modera.

Para una mujer que lleva en sus hombros una carga cultural que tiende al desprecio, cargando una enfermedad que la hace impura, deshonrosa; que la ha privado casi del mismo sentido de la vida; que ha gastado todo lo que tenía en una solución a su problema y que antes le va peor, solo tiene como última salida el vivir para morir.

Jesús que según lo que creía el pueblo en aquella época era un líder religioso con tendencias a la política, que era relacionado con algún profeta de la antigüedad, que tenía el poder de enseñar las Escrituras como nadie lo había hecho y era portador de un gran poder para sanar, se dirige a casa de Jairo, líder de la sinagoga, porque la hija de este está muy enferma. El conocimiento de Jesús como el que hace milagros se había difundido no solo en Jerusalén, capital del país, sino también en las regiones circunvecinas y sin duda en uno de esos comentarios esta mujer había escuchado algo acerca de Jesús. A Jesús lo sigue una gran multitud y la mujer ve esta oportunidad como la mejor y única para acercarse y tocar el manto de Jesús teniendo como base el creer, la fe: “Si toco tan solo su manto, seré salva”[5].

Para entender la forma en que lo hizo pienso que nos podemos remontar al aspecto cultural para poder entender su actitud. Una mujer, de acuerdo a los planteamientos culturales de la época, no tenía la oportunidad de abordar sin temor a un líder de la talla de Jesús en público ni en privado, y menos si recordamos la condición religiosas en la que está mujer estaba: era impura y todo lo que tocaba lo hacía impuro. De manera que la mejor ocasión para acercarse a Jesús será en medio de la multitud buscando tocarlo pero sin despertar sospechas.

El relato bíblico afirma que una vez que la mujer tocó el manto de Jesús su flujo desapareció y su fuente se secó. En este punto un aporte filológico nos puede ayudar en nuestra tarea hermenéutica. La RVR 60 dice que la mujer buscaba su salvación y que Jesús la había salvado. Entonces la pregunta es ¿no buscaba esta mujer su sanidad? Pues bien, el término griego que en esta versión se traduce por salvación es swzw:(sozo) que en su primer significado es salvar pero tiene una connotación de salud: conservar, proteger, y en voz pasiva como en este caso, su significado es subsistir; por lo que lo que dice la mujer es algo así como: “si toco el manto subsistiré”. Una vez la mujer lleva cabo su plan Jesús se da cuenta cómo de él había salido poder, por lo que pregunta a sus discípulos quién lo había tocado. La mujer que pensó que pasaría desapercibida fue descubierta por el maestro y ahora podría estar en graves problemas. 

Contrario a la opinión de los discípulos quienes pensaban que era ilógico preguntar por quién lo había tocado estando en medio de una multitud, Jesús repite su pregunta y ante esta la mujer se ve descubierta. Esta es una nueva situación en la que la mujer se ve enfrentada y tiene que superar. Su estado actual en cuanto a la enfermedad ha cambiado pero ahora se enfrenta a un nuevo problema: ha tocado al maestro, lo ha hecho impuro, ha quebrantado la ley, ha violado los límites culturales y está siendo interrogada por Jesús. Lo único que encuentra para hacer en ese momento es postrarse ante Jesús y decirle toda la verdad. El acto de postrarse está enmarcado dentro de la cultura judía como una actitud algunas veces de subordinación y en otros casos de adoración. Sin duda alguna esta mujer se postro ante Jesús con un sentido de dependencia, de súplica, de ruego, tal vez pidiendo perdón por haberlo tocado y hacerlo impuro; por haber sido la causa de problema y de contaminación. 

evangelista añade al acto físico el temor y el temblor, y no era para menos. La mujer que no podía, ni debía, ni le era permitido tocar, hacer etc. acaba de mezclarse entre la multitud y tocar a la fuente de la sanidad. Una vez postrada, temiendo y temblando relata toda la verdad, no solo a Jesús sino también a la multitud, afirma Lucas; la mujer que quería pasar desapercibida ahora tiene que confesar su falta, su estado de frustración y el milagro acaecido en su vida delante del pueblo. Es interesante ver la respuesta de Jesús: “hija tu fe te ha salvado”. Esta mujer que no era nadie para alguien, que era tenida por impura, por deshonrosa, que tal vez no significaba nada ni para su familia, en ese momento es llamada hija. 

A modo de conclusión.

Una vez más Jesús demuestra su actitud amorosa ante los excluidos de la sociedad, de una sociedad basada en unas normas de conducta y unas costumbres jerárquicas que solo buscaban encontrar culpables, enfermos, pecadores, pero que nunca se le veía la menor intención de servir de bastón a los menesterosos.

Sin duda alguna la osadía de esta mujer es una de las cosas que se le deben reconocer. Siendo conciente de su situación se atrevió a romper la barrera de la pureza – impureza, del establecimiento de costumbres, de la misma ley mosaica con tal de lograr su objetivo. Se atrevió a ir más allá de sus temores, de sus miedos, de lo que podría pasar en el momento de tocar con su impureza a un ser puro. Pero el que es puro en sí mismo venció de alguna manera la impureza de la mujer y al contrario de lo que sucedía siempre, el tocado traspasó pureza y sanidad a un ser carente de ella. Con solo tener fe y la valentía de tocar al maestro la mujer pudo volver a pensar en lo que hacía doce años no podía pasar por su mente: ser mujer, ser madre, ser esposa. Ser una ficha importante en el juego de la vida.

En una sociedad en la que el temor, las dificultades, las circunstancias adversas de la vida están presentes a cada instante deberíamos tomar la audacia, la osadía, el atrevimiento de esta mujer, romper con los lineamientos culturales, y en muchos casos hasta religiosos de nuestra sociedad y acercarnos a uno que siempre está dispuesto a tratarnos como hijos: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz”.


[1]Reina Valera Revisada (1960), (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.


[2] Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.


[3] Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Biblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982.


[4] Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Biblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982


[5] Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

Artículo publicado en la revista Notas-Teológicas.

John Anzola 
Revisado abril de 2014.

Cómo citar este texto: 
Anzola, J. (2014). La mujer del flujo de sangre. bibliayopinion.blogspot.com. Blog. Recuperado de http://bibliayopinion.blogspot.com/2010/11/la-mujer-del-flujo-de-sangre.html

Si desea comunicarse con el autor, por favor escriba un correo a: janzolagomez@gmail.com 

10 comentarios:

He disfrutado la lectura de este buen articulo, el cual me ha aportado conocimientos acerca de las costumbres judias...Bendiciones!!!

Gracias bendiciones Y Que Dios Te siga Dando Conocimiento ?

bendiciones, estas investigaciones me sirven mucho para no caer en errores, y fortalecer el conocimiento y darle lo mejor a Dios.

Gracias por su Mensaje muy lindo, me gusto la interculturalidad para entender el passaje

Aguantar todos los meses la visita del tomate es un calvario, así es que Dios es injusto, encima traemos hombres machistas, y acarrear con dolores asquerosos, por eso me enojo todos los meses con el,.porque es injusto.

Dios no es injusto lo que nos pasa a los seres humanos es por culpa de nuestros pecados, por eso hay que estar leyendo la palabra,en génesis dice que fue por culpa de el mismo hombre cuando desobedeció al comer el fruto prohibido,hay q leer para no juzgar a Dios por lo que nos pasa ya que sólo él es el que tiene el poder de juzgar

Datos muy buenos varon, enhorabuena, sigue asi

Que tristeza da leer cosas tan erradas y a cuantas personas arrastras. Pero bueno en aquel dia dar as cuentas por tu eisegesis. Gracias a. Dios por cambiar ese machismo Y demodtrarnos que ahota en el todos somos iguales. Yo hago valido los milagros de jesus y confio en su palabra. Dice la. Biblia que maldito el hombre que confia en el hombre.

Muy buen aporte, disfruté y aprendí de este artículo. Gracias y felicidades.

Muy buen articulo, gracias por publicar la palabra de Dios en profundidad, mi amado Dios le siga llenando de su gracia y sabiduria.

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