11/11/10

Las mejillas, carrillos o cachetes se mencionan, directa o indirectamente, en varios libros de las Sagradas Escrituras judeo‑cristianas. De hecho, es en el Antiguo Testamento donde hay más textos que hablan de esta parte del rostro humano (véanse, por ejemplo, estos: 1 Reyes 22.24; Job 16.10; Salmo 3.7; Cantares 1.10; 4.3; 5.13; 6.7; Isaías 50.6; Lamentaciones 1.2; 3.30; Ezequiel 29.4 [Reina‑Valera 1909]; Oseas 11.4 [Reina‑Valera 1909]. Es interesante destacar que, en todos estos versículos excepto en los de Cantares, la referencia es siempre a golpear o herir en la mejilla, a dolor o a sufrimiento).
Un texto problemático
El clásico pasaje de Romanos 12.20 Barchiconocido en la antigua versión Reina‑ValeraB no menciona explícitamente las mejillas, pero resulta obvio, cuando se entiende la figura, que aquellas están implícitas en lo que se dice. La traducción literal lo expresa así: ASi tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza@.
Es este un texto difícil. Se trata en realidad de una cita tomada de Proverbios (25.21‑22) a la que el apóstol Pablo recurre para su parénesis cristiana. La traducción literal que hemos mencionado By de la que podemos afirmar, por la razón dicha, que es una traducción literal de una traducción literal; o sea, del hebreo al griego y del griego al castellanoB plantea una serie de interrogantes fundamentales:
(Qué significa la expresión “ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza”? )A qué se refieren las Aascuas de fuego@? )Y la imagen de Aamontonarlas sobre la cabeza@ del enemigo? No se trata, obviamente, de lenguaje literal, aunque no ha faltado quien así lo haya interpretado.
Trátase, más bien, de una metáfora; pero, )cuál es la realidad metaforizada? Hay que señalar que los exegetas no se han puesto totalmente de acuerdo respecto del verdadero significado de la segunda parte del versículo de Romanos.
Entre las interpretaciones que se han propuesto destaca la que se ha constituido en la traducción que nos presenta la gran mayoría de las traducciones castellanas contemporáneas del Nuevo Testamento. En las palabras de la versión Dios habla hoy (conocida como Aversión popular@), dicho versículo dice así: ASi tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza@.
Y de igual manera, aunque utilicen diferente vocabulario, traducen las versiones que mencionamos luego. (Hemos colocado entre paréntesis la segunda parte del versículo en el caso de algunas traducciones que consideramos dignas de citar).
Traducción en lenguaje actual; Reina‑Valera 1995; Nueva versión internacional (Aactuando así, harás que se avergüence de su conducta@); Nueva Biblia Española y Biblia del peregrino (Aasí le sacarás los colores a la cara@); La Biblia‑traducción interconfesional; Nuevo Testamento, traducción de Pedro Ortiz (AHaciendo esto, lograrás que se arrepienta, lleno de vergüenza@).
Las traducciones El libro del Pueblo de Dios y Nueva Biblia de Jerusalén mantienen en el texto la traducción literal, pero añaden sendas notas en las que indican que el probable sentido de la expresión es, esencialmente, el que estamos comentando. En efecto, la primera de estas traducciones explica así las palabras problemáticas: ALos >carbones encendidos= simbolizan probablemente el remordimiento y la vergüenza@. Y la Nueva Biblia de Jerusalén: ALos carbones ardientes, símbolo de un dolor punzante, designan los remordimientos que llevarán al pecador hasta el arrepentimiento@. De las traducciones mencionadas, la de Pedro Ortiz es la que une estas dos ideas principales: arrepentimiento y vergüenza.
Una anécdota… de la vida real… y personal
Estábamos en la capital de la República Dominicana. Realizábamos Ben un hotel cuya dueña era evangélicaB una actividad que en Sociedades Bíblicas Unidas solíamos llamar ATaller de ciencias bíblicas@. El salón donde me tocó dirigir la clase estaba repleto. Explicaba lo difícil que resulta entender ciertas traducciones literales de pasajes bíblicos. Entre los casos que puse como ejemplos, mencioné el de Romanos 12.20.
En mi explicación dije, más o menos, estas palabras: ALa opinión dominante entre los biblistas y traductores del Nuevo Testamento es que la idea a la que se refiere la metáfora es que así como cuando uno tiene algo muy caliente (como, por ejemplo, Aascuas de fuego@) cerca del rostro este se pone rojo, de la misma manera se vuelve colorado cuando la persona siente una profunda vergüenza@.
Casi inmediatamente, al frente y a mi derecha (yo estaba en una tarima o estrado) se produjo un murmullo y se oyeron risas reprimidas. Hice una pausa y solicité que, si habían contado un chiste lo repitieran en voz alta, pues quienes me conocen saben que, en efecto, tengo un buen sentido del humor y soy amigo de chistes.
Pero no; no se trataba de ningún chiste. Después de insistir un poco para que dijeran qué había provocado el murmullo y las risas, se explicaron Bno sin cierta reluctanciaB así: ALo que pasa es que los negros… no nos ponemos colorados cuando sentimos vergüenza@.
Y entonces, el que sintió vergüenza fui yo. Les di las gracias porque, de una manera elegante, me habían demostrado, sin lugar a dudas, que yo no había tomado en cuenta las características del público que estaba recibiendo lo que yo explicaba. (Y, digámoslo de pasada, nunca me explicaron, para mi propio desencanto, cuál es la expresión facial de la persona negra cuando sufre un ataque de vergüenza…).
A la luz de esta experiencia, resulta algo contraproducente que la traducción, ya mencionada, conocida como Traducción en lenguaje actual hable, en este versículo, del rojo de la cara de quien se avergüenza (AAsí harás que se ponga rojo de vergüenza@).
La otra mejilla
El pasaje más conocido de toda la Biblia que menciona de manera directa los cachetes o mejillas es el de Mateo 5.39, que en el texto de la Dios habla hoy dice así: APero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra@. Esta es, esencialmente, la traducción que encontramos en todas las versiones.
Estas palabras han sido usadas, y aun manoseadas, por muchas personas. Los pacifistas de todos los signos, y sobre todos los más radicales, recurren a ellas para sustentar sus posiciones. Aun sin llegar a la aplicación extrema (Avuélvele también la otra@), los más pasivos se limitan a afirmar que no hay que devolver las bofetadas que le den a un discípulo de Jesús. Y, dicho sea con todo respeto, hasta chistes se han hecho con base en esta especie de máxima.
Al leer este versículo nos asaltan algunas preguntas: )Está Jesús echando mano de nuevo al recurso pedagógico de la exageración, como solía hacer con inusitada frecuencia, incluso en otras secciones del Sermón de la montaña, al que pertenece el texto que nos ocupa? )Por qué, en la mención que hace de la mejilla, especifica Mateo que se trata de la derecha? )Por qué no la izquierda? )No bastaba usar el dicho sin referencia a la Ageografía del cuerpo@? Y si ese dato tiene significado específico, )se combina con la hipérbole?
Lex talionis (la ley del talión)
Con frecuencia se oye hablar de la Aley del talión@ como de una ley brutal, cruel y sanguinaria. Encontramos que esta ley se expone, en su forma completa, en el Antiguo Testamento, aunque mucho antes de la época de Moisés ya se había formulado en el Código de Hamurabi. Sin embargo, en el caso concreto de los relatos bíblicos, hay que interpretar dicha ley a la luz del contexto histórico en el que se establece.
Antes de esa ley, la práctica común consistía en responder desmesuradamente a algún daño que se le hiciera a alguien. La forma más extrema de la represalia se expresa en el canto de Lamec:
Escuchen bien lo que les digo:
He matado a un hombre por herirme
Y a un muchacho por golpearme.
Y luego la remacha con estas palabras:
Si a Caín lo vengarán siete veces,
a mí tendrán que vengarme
setenta y siete veces.
Esta traducción del texto genesíaco, tomada de Dios habla hoy (4.23‑24), viene acompañada de una nota esclarecedora: AEl canto de Lamec expresa la arrogancia del hombre que responde a la mínima ofensa con una venganza desproporcionada. El número setenta y siete (once veces siete, la cifra de la plenitud) indica que se lleva la venganza hasta su último extremo@.
En Deuteronomio se nos presenta la ley del talión en su forma cabal: Acobrad vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie@ (19.21). Esta ley, en aquel contexto, pretende ejercer la función de freno contra los exagerados impulsos de reivindicación vengativa; o sea, que se constituyó en un paso importante en el camino humano hacia el establecimiento de leyes más justas.
La determinación del castigo no quedaba ya Bno podía quedarB librada al capricho visceral del individuo ofendido, pues pasaba al ámbito de la legislación.
La totalidad de la persona
Al analizar cómo son percibidos los seres humanos en el mundo semítico, Bruce J. Malina habla de tres zonas que Adeterminan la estructura no‑introspectiva de los seres humanos@. Estas tres zonas Ason usadas para describir la conducta en toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis@ (El mundo del Nuevo Testamento [Verbo Divino, 1995], p. 97).
Tales zonas las describe Malina, indicando los órganos del cuerpo con los que se vinculan, de esta manera: (1) Zona del pensamiento emotivo: ojos, corazón, párpado, pupila, y sus actividades; (en nuestra cultura: intelecto, voluntad, juicio, conciencia, afecto, personalidad nuclear…); (2) zona del lenguaje autoexpresivo: boca, oídos, lengua, labios, garganta, dientes, mandíbula, y sus actividades; (en nuestra cultura: autorrevelación a través del lenguaje, comunicación con otros, etc.); (3) zona de la acción premeditada: manos, pies, brazos, dedos, piernas, y sus actividades; (en nuestra cultura: conducta exterior del hombre, actividad externa, acciones que influyen en personas y en cosas).
Y añade el ilustre antropólogo: Acuando se mencionan explícitamente las tres zonas, se está aludiendo a una experiencia humana total y completa@ (p. 99). Algo similar habría que decir cuando se mencionan dos de esas tres zonas y la tercera queda en el trasfondo.
En la formulación deuteronómica de la lex talionis encontramos precisamente la referencia a las tres zonas: Aojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie@; o sea, que se mencionan partes del cuerpo vinculadas a las tres zonas de que se acaba de hablar. Y concluye Malina de esta manera: Ase refiere básicamente a la retribución restrictiva en toda la escala de las interacciones humanas cubiertas por cada zona… Esta declaración [la ley del talión] apunta a restricciones adecuadas de los derechos sociales individuales@. Por tanto, Ano debería ser tomada literal y concretamente@.
La superación de la restricción
Jesús establece un contraste bien marcado, en varios pasajes del Sermón de la montaña, entre lo que se establecía en la ley, tal como era comúnmente interpretada (Austedes han oído que se dijo@) y sus propias enseñanzas (Apero yo les digo@): Mateo 5.21‑22,27‑28,31‑32,33‑34,38‑39,43‑44. Uno de esos pasajes tiene que ver con la ley del talión y la mención de la mejilla, precisamente el que antes citamos: AUstedes han oído que se dijo: >ojo por ojo y diente por diente=. Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra@ (y siguen las referencias a camisas, capas, cargas, limosnas y préstamos).
Jesús sólo cita parte de la mencionada ley: lo referido al ojo y al diente. Es decir, explícitamente menciona lo que corresponde a dos de las tres zonas descritas por Malina. Y de manera sorpresiva, como no era infrecuente en él, le da vuelta al argumento. Si Lamec había matado a un mozalbete por haberlo golpeado, Jesús sostiene que al golpe no hay que responder con otro golpe, ni siquiera con uno equivalente (el Aojo por ojo@), ni mucho menos con la muerte del ofensor. Es decir, Jesús enseña a sus discípulos a superar la agresión sin necesidad de que el agredido se convierta, también él, en agresor.
La primera bofetada
Llama la atención el hecho de que, a diferencia del relato de Lucas (quien se limita a hablar de Auna mejilla@: 6.29), Mateo dice explícitamente que se trata de la mejilla Aderecha@. Esto es significativo en el contexto oriental. Para poder pegarle a alguien en la mejilla derecha, el agresor ha de tener que golpearlo con el dorso de la mano. Recuérdese que el contexto general de estos escritos es siempre el de una sociedad de personas diestras (Aque tienen tendencia natural a servirse preferentemente de la mano y el lado derechos del cuerpo@); por eso es necesario, cuando se refieren a un zurdo, indicarlo de manera explícita.
Volvamos al texto de Mateo: Dice un comentarista:
El agravio más humillante es el golpe recibido en la mejilla derecha, no en la izquierda. Eso quiere decir que se trata de una bofetada dada no con el interior de la mano, sino con el revés. Un golpe tal era considerado en el Oriente una ofensa extremadamente grave.
Se trata, por tanto, de un acto por el que el agresor busca humillar al agredido, a quien, por alguna razón, considera su inferior. El propósito no es tanto provocar un daño físico considerable sino rebajar el estatus social de quien recibe la bofetada.
La Aotra@ mejilla
Pero, )qué significaría Aponer la otra mejilla@? )Estaba Jesús simplemente pidiendo a sus seguidores que fuesen masoquistas? )Que se ofreciesen para que los golpearan de nuevo y los humillaran todavía más? Así parece que lo interpretaron algunos cristianos primitivos en la época de las persecuciones, cuando ellos mismos buscaban que los llevaran al circo para que los comieran las fieras. )Es eso lo que implica el ser manso de la tercera bienaventuranza (Mateo 5.5)?
Si se presta atención cuidadosa a lo que los evangelios dicen acerca de la conducta del propio Jesús, )fue de esa manera su comportamiento? Pareciera que el asunto va por otro lado…
Reflexionemos un poco más. Si para golpear a otro en la mejilla derecha hay que hacerlo con el dorso de la mano (Agolpe de revés@) y con ello se humilla doblemente al golpeado, )qué podrá significar golpear en la Aotra@ mejilla, es a saber, en la izquierda? Obviamente, para hacerlo habrá que asestar el golpe con la palma de la mano, o sea, con su parte interior. Ese golpe sería, propiamente, un Acachete@ (definido por el Diccionario de la Real Academia como Agolpe que se da en la cabeza o en la cara con la palma de la mano@). Y ese golpe ya no era tan humillante, porque llevaba implícito el reconocimiento del otro como igual.
Ofrecer, pues, la otra mejilla no es decir: AMe has pegado una vez y está bien; puedes seguir golpeándome porque no voy a responderte con golpes@. No. Es, más bien, replicar: AMe has humillado al golpearme en la mejilla derecha; golpéame en la otra, si te atreves, y así recuperaré mi honor, porque me harás tu igual@. Más que una actitud masoquista, el ofrecimiento de la otra mejilla es una afirmación de la dignidad personal sin recurrir a la violencia, poniendo al otro en la comprometedora situación de actuar de tal manera que sería él quien se deshonraría.
Mencionamos al principio las palabras de Pablo a los creyentes romanos (12.20). Lo que Pablo afirma inmediatamente después de citar el texto de Proverbios es, quizás, el más resumido y concentrado comentario a las palabras de Jesús sobre ofrecer la otra mejilla. En efecto, dice Pablo: ANo te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal@ (Romanos 12.21). Eso es lo que significan las palabras del proverbio citado: Dar de comer al hambriento o de beber al sediento que se considere nuestro enemigo (o considere que nosotros lo somos de él) es, a la larga, la manera más eficaz de desarmarlo y hacerle cambiar de actitud.
Eso es lo que hicieron, entre otros, Gandhi y Martin Luther King.
Y esa es, de hecho, la conducta que se espera de quienes nos atrevemos a llamarnos cristianos, seguidores de Jesús, el Cristo.

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